Prevenir accidentes
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Prevenir accidentes

PREVENIR ACCIDENTES
– ¡Doctor, Tomasito agarró las pastillas de mi buró! ¡Le saqué siete de la boca! ¿Qué hago?
¿Cómo es posible que las tales pastillas estén al alcance del bebé?
– Yo no sabía que podía abrir el cajón, – me dice su mamá, toda asustada.

Por favor, adulto que tienes niños a tu cargo: ¿Cómo se te ocurre pensar que un niño que gatea o que camina no podrá abrir un cajón?

Los bebés, hasta aproximadamente los cuatro años, tienen el reflejo de coger todo lo está a su alcance y metérselo a la boca. Se trate de su sonaja, su mordedera de goma, la tierra de las macetas o la comida del gato. Muchos no durarán en comerse una cucaracha muerta si al ir gateando se la topan por ahí.

Si se encuentran una botella de algo y la pueden abrir, que no lo dudes: podrán; se beberán su contenido sin investigar si es jugo, gasolina o sosa cáustica. Si es esta última les quemará la boca y todo lo demás en su trayecto, perforando el esófago y perforando el corazón. En caso de que el niño sobreviva llevará una vida miserable, el tiempo que le dure, que no será mucho. No es cosa de juego.

Hay accidentes que no se pueden prevenir, o que no está en ti prevenirlos. Pero las medicinas en el cajón, los líquidos peligrosos, las escaleras de tu casa, los tomacorrientes y cables eléctricos, la estufa, la plancha, el calentador, etcétera, son peligros muy reales, y tú, adulto que tienes a tu cargo un niño, tienes que ponerte las pilas.

Hasta la tina del trapeador. Más de dos pequeñitos que apenas caminan se han ahogado al caerse de cabeza mientras mamá chatea. ¡Aguas!

¡Saludos!