Ni locos, ni histéricos, ni tóxicos
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Ni locos, ni histéricos, ni tóxicos

Ni locos, ni histéricos , ni toxicos.
Esta claro que existe una necesidad incontrolable, casi imposible de evitar, de ponerle titulo a todo lo que vemos; aunque de lo que vemos y queremos titular sólo vemos, sabemos y tenemos conocimiento de una media verdad.

A las personas les encanta juzgar a quien es, piensa o actúa distinto.

Es costumbre terrenal descalificar, ningunear o señalar con el dedo a todo aquel que no actúe según las formas que uno desde su percepción y experiencia considera correcta, permisible, normal o adecuada… una mala costumbre, claro esta!
Debemos comprender que ningun titulo agresivo o adjetivo calificativo es necesario,
ni certero al momento de hablar de otro Ser humano.

Las personas no son «tóxicas», las personas sufren, tienen miedos y caminan adormecidos por el dolor que les genera haber sufrido tanto y no es justo encasillarlos…
Podemos reírnos del otro, rebajarlo, culparlo o defenestrarlo por no cumplir con nuestras expectativas, pero recordemos dos cosas:
En principio es que atraemos lo que somos, nadie nos saca de quicio, no se nos pegan, ni se alimentan energéticamente de nosotros,
si nosotros en algún lugar de nuestro inconciente no vibramos con lo que estamos experimentando.

Y en segundo lugar, vale recordar también que no es de un Ser «elevado » juzgar a quien actúa de forma inconciente o errante; «elevado» es saber reconocer que detrás de lo aparente mora una alma herida, con un corazón destrozado, que se refugia detrás de sus demonios y que no tomo conciencia, aún, de
las consecuencia de sus actos.

Memoria y precaución para quienes niegan el camino por el que anduvieron, y se ríen de los que tropiezan con las mismas piedras que alguna vez tropezaron…
No se olviden de recordar…
Quien juzga, tarde o temprano será juzgado.